

Manuel Ortiz Requena, licenciado en Medicina y Cirugía en 1977 por la Universidad Literaria de Valencia. Es especialista en Medicina de Familia y en Pediatría y sus áreas específicas. Ha desarrollado su actividad como pediatra en el Centro de Salud de Picassent durante 23 años, población a la que está muy vinculado por haber atendido a dos generaciones de niños.
En la actualidad está jubilado. Es una persona muy activa en todos los campos: mantiene una consulta como médico; es un enamorado de la vida al aire libre y dedica parte de su tiempo en mantener su jardín. Como buen profesional se mantiene al tanto de los cambios que afectan a sus especialidades y además escribe narrativa histórica. Tiene tres novelas publicadas y varios premios de Relatos Cortos.
Ya lo creo. Las paredes de mi consulta del Centro de Salud de Picassent estaban llenas de dibujos que me traían los niños por Navidad. Aquel despacho ya era famoso por la cantidad de fotos y dibujos de todo tipo que me traían para mostrarme su cariño o para agradecerme, de alguna manera, mi trabajo con ellos. Podría contarle cientos de anécdotas de ese cariño que me han manifestado los niños. Desde siempre intenté romper las barreras que pudiera haber entre ellos y yo. Prueba de ello es que arrimé la mesa escritorio a una pared y visitaba sentado en una silla o banqueta; es decir, a su altura. El niño venía directamente hacia mi posición; me hacía comentarios sobre sus padres, sobre el sabor de alguna medicina, o simplemente para darme noticia de algo que había pasado en la sala de espera.

Lo último que me pasó, y relacionado con este concurso, ocurrió esta Navidad pasada. Héctor, un “pequeño, pero grande” de seis años de edad, entró en la consulta con la familiaridad, alegría y desparpajo que lo caracteriza y me dijo: “Don Manuel, he ganado el premio de postales navideñas”. No me extrañó en absoluto: es inteligente, disciplinado y tiene unos padres comprometidos. Ni que decir tiene que le agradecí con dos besos que me hiciese participe de su alegría. Me encanta esa interacción entre padres e hijos por el refuerzo, estímulo y seguridad que imprime a los niños en su vida posterior.
Naturalmente. Está dedicado a la franja de edad (seis a doce años) que es la que más cambios sufre en la infancia. En esos años se observa una gran mejoría en el desarrollo del niño en los terrenos social, afectivo, motriz y cognitivo. Ese desarrollo es una sucesión de cambios ordenados tanto en calidad como en cantidad. Estas modificaciones se ven muy influenciados por la genética, por el ambiente en el que se mueve el niño y por el aprendizaje; aunque se puede afirmar que cada niño tiene un ritmo propio de desarrollo.
A lo largo de esos seis años, los niños mejoran su lenguaje verbal y desarrollan otros lenguajes como el matemático, expresión corporal o artística.
Mejoran además, su capacidad de abstracción. Aumenta su curiosidad intelectual, se interesan por la explicación objetiva de cualquier fenómeno. Mejora la comunicación entre ellos, con el profesorado, los educadores, los padres y con el resto de las personas. Asimilan sistemas de valores y son capaces de crear juicios.
No se acaba ahí. En esta época se hace evidente el crecimiento orgánico con la mejora de la coordinación motora y los niños son competitivos y muy participativos.

A los seis los niños muestra su mundo interno, representando figuras que interactúan entre ellas: dibuja lo que conoce, lo que sabe.
Entre los nueve y los doce representa la experiencia que ha tenido con el dibujo que está haciendo. La interpretación de lo dibujado llena libros de Psicología. En lo que plasma ya se puede observar las características psicológicas del niño/a: autoestima, atención, seguridad, ansiedad y temor, entre otras.
Dicho esto, es lógico que afirmemos la gran utilidad de este concurso y alabar la propuesta de mantenerlo en el tiempo.
Es prácticamente imposible mejorar lo que la Associació d´Amics de Cristòfol Aguado, los Colegios y el Ayuntamiento de Picassent están haciendo en este Concurso después de veinticinco años.
Desde mi punto de vista, y en relación con la Literatura, podría añadirse una frase sobre la Navidad en la que el concursante contara lo que ha querido expresar en su obra y que sirviera de pie al dibujo. También se podría hacer un concurso de cuentos navideños y así estimular la lectura y la escritura.
Si me permite una licencia, me gustaría mandar un cariñoso saludo a los miles de niños y niñas con los que tuve el placer de desarrollar mi profesión. Y además, dar las gracias públicamente a la Alcaldesa Dª Conxa García Ferrer por su implicación con la salud de la población y por la emocionante carta que mandó para mi jubilación como pediatra de Picassent.
2 Comments
Apreciable Dr. Ortiz: yo no se expresarme muy bien pero, si se decir, que admiro tanta humanidad para con los niños y que demuestras un gran cariño hacia ellos. Es de agradecer tanta bondad para con los más pequeños. Recibe la más sincera felicitación de tu amigo Manuel Méndez Compán.
Muy bien, Dr. Ortiz.